Puede que éste no sea un lugar de muchas palabras, pero sin duda será un lugar de mucho significado.

domingo, 31 de octubre de 2010

I like the game...

... and I'm not affraid to ask.


Porque me gusta Halloween y no creo en las ánimas.

Happy Halloween!

sábado, 30 de octubre de 2010

Ilusión

La ilusión es una pequeña llama que se enciende, de repente. Sin necesidad de detonante, gatillo o impulso, la energía nace. Es como encontrar en medio del desierto un oasis. Te hace escapar de la monotonía del día a día, como picos en los que tus sentidos se desarrollan al máximo y la memoria actúa en consonancia con las percepciones para dejar huella para siempre en tu mente. Y no se queda sólo ahí.

Al principio, un simple cosquilleo que recorre tu cuerpo, pero, transcurridos tan sólo unos segundos, se transforma en un cohete que se dispara con toda potencia y se proyecta en varias direcciones. Son hipótesis, historias, "ysis", sueños que de repente parecen posibles, más reales que de costumbre.

Supone un poco la contrapartida de todo lo ordinario. Lo que sobresale, motiva, y ayuda a caminar. La razón por la que levantarnos de la cama.

Es aquello que hace que la vida merezca la pena.

viernes, 29 de octubre de 2010

jueves, 28 de octubre de 2010

Deja que la energía fluya

Las corrientes se alimentan por sí solas. Las personas pasan, miran y se van. Hablan, se relacionan. Las fotos se adhieren a la pared, y alguna se cae. Unos hablan a escondidas. Otros gritan a los cuatro vientos lo que la vida les trae. Trenes corren, aviones vuelan y hormigas caminan. Corazones laten deprisa. Otros repiten el mismo ciclo impulsados por la energía residual de su propio movimiento. Puertas se abren, luces se encienden, sábanas ondean, cristales revientan, ríos vierten aguas, papeles se queman, huevos se cuecen, la energía viaja.

Es imparable, por ello hay que dejarse llevar. Dejar que te lleve donde quiera. Seguro que puedes sacar algo de provecho de ese lugar.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Cuestión de Cojones

Arturo Pérez-Reverte
El Semanal




Hace tiempo que mi madre no me da la bronca por abusar el lenguaje soez en esta página, y empiezo a preocuparme. O ella envejece y se acostumbra, o estoy perdiendo facultades y volviéndome lingüísticamente correcto. Por fortuna, todavía llegan cartas de algún lector o lectora inasequibles al desaliento, afeándome mi poca vergüenza. E incluso Nacho Iglesias, el baranda de esta barraca, recibe periódicas sugerencias para que en El Semanal me echen a la calle de una puta vez. La última es de un señor de Oviedo, por la letra jubilado y por el membrete notario, que me afea el uso, e incluso el abuso, de la palabra "cojones", e incluso sugiere la posibilidad de que yo saque tanto a colación el asunto por algún trauma personal relacionado con mi propia virilidad o, subraya el amable comunicante, mi ausencia de ella. "A ver si es maricón", concluye, por si no he captado los circunloquios preliminares.

En fin. Al margen de que yo pueda resultar más o menos maricón, la antedicha carta me viene al pelo para traerles a colación un impreso anónimo que hace tiempo circula por ahí, --algún lector ha tenido el detalle de mandármelo--, y que, bajo el título Riqueza del castellano, enumera una exhaustiva relación de las diversas acepciones que en nuestra lengua, la de Quevedo y Cervantes, tienen los atributos masculinos. Y me van a perdonar el notario de Oviedo y mi madre, pero no me resisto a glosar el asunto y poner los cojones en su sitio.

Por ejemplo: según confirma con acierto singular el mencionado folleto, el sentido de "cojones" varía según el numeral que lo acompaña. La unidad significa algo caro o costoso (eso vale un cojón), dos puede sugerir arrojo o valentía (con dos cojones), tres significar desprecio (me importa tres cojones), y un número elevado suele apuntar dificultad extrema (conseguirlo me costó veinte pares de cojones). Del mismo modo, basta un verbo para darle variedad a los significados. Verbigracia: "tener" puede referirse a valentía (esa tía tiene cojones), pero también censura, admiración o sorpresa (¡tiene cojones!). "Mandar" indica perplejidad (¡manda cojones!); expresión que, en su variante ¡manda huevos!, hizo recientemente popular en sesión de las Cortes, mi paisano y compañero de maristas Federico Trillo.

Siguiendo con los verbos, acompañado de "poner" puede significar reto o aplomo (puso los cojones encima de la mesa), y el verbo "tocar" implica molestia, hastío o indiferencia (me toca los cojones), vagancia (se toca los cojones) e incluso desafío (anda y tócame los cojones). El término es también acepción de lentitud (viene arrastrando los cojones). Y en cuanto a amenaza, su uso es frecuente (te voy a volar los cojones) e incluso se recurre a ello para describir agresión física (fue y le pateó los cojones).

Los prefijos y sufijos también son importantes de cojones.

Por ejemplo, a- significa miedo (acojonado), des- implica regocijo (descojonarse), y -udo implica calidad o perfección (cojonudo). También las preposiciones matizan lo suyo: "de" alude a éxito (nos fue de cojones) o intensidad (hace un frío de cojones), "hasta" define ciertos límites (hasta los cojones) y "por" alude a intransigencia (por cojones).

También se recurre a ellos como lugar de origen para definir cierto tipo de actitudes intrínsecamente españolas y como origen de voluntad inapelable (porque me sale de los cojones). En cuanto al color, la textura o el tamaño del asunto, los significados son ricos y diversos como la vida misma. Un color violeta define bajas temperaturas (se me quedaron los cojones morados de frío). Posición y tamaño son decisivos, tanto para precisar pachorra y tranquilidad (se pisa los cojones) como coherencia (lleva los cojones en su sitio). Sin que falten referencias cultas o históricas (tiene los cojones como el caballo de Espartero).

Así que ya me dirá usted, señor notario. A ver cuándo Shakespeare, o Joyce, o la madre que los parió, en esa jerga onomatopéyica y septentrional que usaban los pastores para llamar a las ovejas, y los piratas para repartirse el botín contando con los dedos, fueron capaces de utilizar, con todo su Oxford, la palabra equivalente con tanta variedad, y tanta riqueza, y tanta prosapia como la usa hasta el más analfabeto de nuestros paisanos. Tres mil años de griego, latín, árabe y castellano respaldan el asunto. Lo que, se mire por donde se mire, es un respaldo lingüístico de cojones.

martes, 26 de octubre de 2010

Por un estrechar de manos.

Pfj. La mano se resbalaba mientras, en lo que venía siendo sólo un segundo, se disparataban conclusiones y razones. Al alejarse, la cara del entrevistado lo decía todo. En una especie de mueca incontenible, se lamentaba por su pequeña falta. La cagué - se decía. A su vez, Matías se preguntaba por qué ese muchacho había siquiera sido mandado allí. Menuda falta tiene éste - concluía. Y de ahí, sin más, se generaban dos conclusiones: el puesto no era suyo y el sudor causaba mella en su autoestima.

lunes, 25 de octubre de 2010

200 entradas!!


Quién me lo iba a decir... yo que pensaba que no duraría ni un mes.

Bravo, te has demostrado una vez más de lo que eres capaz. Ahora, a aplicarse el cuento en otros campos :)